Thursday, August 14, 2014

todavía se escuchan los ruidos de las moladoras

Judith Butler: Imaginemos que estoy en la cárcel, aislada, en una posición que va en contra de mi voluntad. Queremos saber si hay algo intocable en el humano, que pueda escapar de este poder coercitivo que hace que yo no sea libre. La pregunta es: ¿cuáles son los recursos del sujeto que permiten resistir a una dominación total? En filosofía, se piensa tradicionalmente que sólo las técnicas de resistencia del sujeto le pertenecen, o que están “en él”. Eso es una suposición metafísica, y es un obstáculo para pensar el problema de la resistencia. Tal vez soy capaz de resistir, por los recursos lingüísticos que he recibido. En otras palabras, el lenguaje, el pensamiento, la poesía son los recursos que me forman, que me estructuran, y sin estos recursos culturales, yo no podría poner cualquiera de esas técnicas de resistencia para sobrevivir. La pregunta es: ¿es un Yo el que resiste o se trata de un agenciamiento —agency— de recursos a través del cual existe una resistencia? Algunos prisioneros de Guantánamo han escrito poemas para resistir. Cuando se leen sus poemas, vemos los trazos de su cultura poética que se han reunido para movilizarse contra el poder estatal. La pregunta básica sería: ¿cómo el agenciamiento de técnicas del sujeto hace posible la supervivencia? No tomemos el problema preguntando qué libertad le queda al sujeto, sino, más bien, ¿cómo la resistencia es posible? No se puede separar a los sujetos de las técnicas que les hacen sobrevivir, si les quitas estas técnicas no hay más supervivencia. La verdadera pregunta es: ¿bajo qué condiciones un Yo puede hablar?

Sunday, July 13, 2014

en la luna de los renunciamientos, las partidas y lo irremediable: la utopía

Entonces yo, creyéndome Sei Shônagon, respondí su carta pensando en “Qué hubiese dicho Safo” y dije:

Preferiría la hoguera
a estar distante de tus delicadas manos

o serme impuesto lo contrario.

Wednesday, April 23, 2014

"ver más vidrio"

Cosas del día que molestan

Vemos un escritor del cual no leímos mucho, pero nos simpatiza, en la vidriera que sigue al negocio en el que estamos comprando un kilo de papas, un atado de puerros y un paquete de acelga. Nos conoce, queremos hablar con él, alguna galantería, una sonrisa bien esbozada, un comentario dulce, bien armado, para resaltar el día. Pero la persona que nos atiende tiene un percance con la balanza electrónica y se demora y nuestro escritor se aleja hacia la avenida.

Justo cuando podemos volver a conciliar el sueño, el reloj despertador de alguno de los vecinos del inmenso edificio suena, hasta agotarse la batería. “Hoy es el día que no está en su departamento”. Lo sabemos porque ocurre al menos una vez al mes y nos resignamos, con dolor en el pecho.

Alguien al que le gusta bailar en las fiestas burguesas de fin de año de los trabajos nos explica gramática, o peor, nos indica un estilo.

La cerveza artesanal no tiene gas, aun así bebemos el alcohol.

No existe un puente que podamos ir a visitar para escuchar el canto del hotoguisu. La luna se eclipsa, pero debo descansar para ser torturada al día siguiente. Sueño con un punto blanco que se apaga, en el centro, equidistante al vacío.

Tuesday, February 04, 2014

para empezar a galopar


Ella es mejor ella es mejor ella es mejor

Mick jagger cagón
La rubia es mejor
Petrarca baboso
Sulpicia es mejor


Ella es mejor ella es mejor ella es mejor

Wednesday, January 15, 2014

Yo escribí mi respuesta en un pétalo de loto:

Recuerdo una mañana clara del Noveno Mes. Había llovido durante toda la noche. A pesar del sol, las gotas de rocío aún cubrían los crisantemos del jardín. En los cercos de bambú y las varas de los setos veía telarañas. A medida que sus hilos se quebraban, las gotas de lluvia quedaban colgando de ellos como perlas de un collar. Estaba conmovida y encantada.

Poco a poco, el rocío fue desapareciendo del trébol y de las otras plantas en las que tan pesadamente se había posado. Las ramas, más livianas, se agitaron casi imperceptiblemente y luego, de repente y con toda armonía, se alzaron.

Más tarde describí a los demás toda la belleza que había visto. Pero mi relato no causó ninguna impresión, y quedé desconsolada.
                                   
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Respuesta: "Aunque me ordenes ir
                  ¿cómo podré abandonar estas hojas de loto húmedas de rocío
                   y regresar a un mundo tan lleno de pena?"


de una Ayudante de Menor Rango de la emperatriz Sadako