Sunday, June 24, 2007

Un día normal


Aplaudo. Aplauden. Piso la misma arena que pisan los conejos. Tristes por no saber hablar o huir o lastimar.

El aplauso es continuo igual que el filo de la espada que acostumbro. Soy formidable en el acto de expandirme y ofrecerme hasta la empuñadura de romanas, arábicas, gitanas espadas y dagas. Los aplausos son continuos.


También la taza de té entre los conejos. También la taza de té entre los ojos que están para detectar peligro y comida. Aplausos para mí. Para ellos. Todos somos efusivamente amados. Mi barba y mi espada y mi falso sacrificio.


No hay peligro. No hay comida. No sé huir. Soy formidable tragando espadas. Sangro y doy leche a los gatos que comen conejos. Tomo té. Aplaudo.

3 comments:

DF said...

Cada vez mejores y más necesarios tus textos, Noelia. Es tuyo, ¿no? Y, si no fuera tuyo, lo parece.

Miss Banfield said...

¡sí, es mío, gracias por tus palabras!

Es algo que se hizo su lugar, a pesar de los últimos embates...

Espuma said...

excelente!